Des-humanización de la medicina

Relato de una crónica frustrada

Tareas relativas a nuestra profesión nos condujeron a concretar una entrevista con el doctor Juan Moreira (el nombre es ficticio para eludir los apremios legales y/o ilegales) que tendría lugar en la conocida clínica donde éste trabajaba.
Partimos temprano pues, previo al encuentro con el galeno,  teníamos que hacer una visita al mecánico de mi coche. El mecánico me había citado para las 16:30 hs. Eran las 16:20 hs. y ya estaba él esperándonos. Con la habilidad propia de su experiencia rápidamente puso nuestro vehículo en condiciones y partimos raudamente a ver al profesional de la salud.
La entrevista estaba fijada para las 17:30 hs.,  y a esa hora exactamente estábamos allí. Eran las 18:30 hs. y el médico no había llegado aún.
En la sala de espera, pacientes resignados a su suerte (estaban acostumbrados a estas esperas, nos dijeron) me informaron que ellos estaban esperando desde las 16:00 hs., hora para la cual tenían turno.
Por fortuna, dadas las circunstancias, yo no era un paciente, antes bien, estaba bastante impaciente por lo que tuve la mala idea de tratar de informarme en mesa de entrada. Allí, una mujer grosera y mal educada (elegida para el puesto con una rigurosa selección) me ladró que el doctor en cuestión no había llegado aún, que debía registrarme y aguardar a que alguna vez, si tenía suerte, me llamaran. Traté amablemente de explicarle que yo no era un paciente sino un periodista que acudía a la cita fijada por el impuntual doctor. Pero, más simple hubiera resultado explicárselo a una mula (disculpas sean dadas a las mulas)

Un problema verdaderamente grave

Estábamos realmente molestos por la situación pero, a la vez, sentíamos un inmenso alivio de no ser uno de los pacientes que allí aguardaban, pues, aparte de sus dolencias físicas, debían soportar el oprobio de ser tratados tan irrespetuosamente.
En este punto es casi inevitable que uno se pregunte ¿Por qué extraña razón si en un comercio no nos atienden correctamente nos retiramos airados, vamos a otro lugar o nos quejamos a “Defensoría del Consumidor” y aquí, un paciente debe soportar estos atropellos sin tener al menos a quien quejarse? y, aclaremos, que éste es un negocio –perdón, una clínica- que imparte medicina paga o pre-paga, que es lo mismo. Entonces ¿por qué no se trata a la gente por lo menos como clientes? ¿ Porqué un médico a de ser menos puntual y tener menos ética que un mecánico?
Estaba rumiando estos furibundos pensamientos cuando ocurrió algo que dejó en segundo plano nuestra personal indignación: en la sala de espera un anciano se descompuso y, aparentemente, estaba muy mal. Una mujer, que creo era su hija, fue muy preocupada a informarle a la secretaria-mula
-“Mandaré a buscar a las enfermeras”, dijo con su muy bien entrenada mala educación.
Luego de un rato, como nadie apareciera y el abuelo se ponía peor, la mujer volvió a insistir, la secretaria, que al parecer no tenía padre, ni madre, ni hijos, le espetó enojada:
-“¡Ya le dije que he enviado a buscar a las enfermeras!”
Recién luego de un largo período de tiempo aparecieron las reclamadas enfermeras. Venían sin prisa alguna muy compenetradas en sus conversaciones sobre cosméticos y peinados. Cargaron al pobre hombre en una silla de ruedas y partieron des-preocupadamente como si transportaran una bolsa de papas (aunque con el precio de las papas quizás  la llevarían con más aprecio)

Esto es una crónica real, sin ninguna exageración y, si guarda alguna similitud con alguna institución en particular, es porque muchas se parecen.
Cualquier semejanza con la realidad NO es mera coincidencia.

 

Epílogo

deshumanización de la medicinaNos fuimos indignados y, obviamente, sin concretar la entrevista que teníamos prevista, pero con el firme propósito de, al menos, escribir sobre la notoria des-humanización de la medicina.
Creo que la medicina, o más bien los médicos, en estos tiempos modernos, lejos están de respetar los principios del Juramento Hipocrático  y,  creo,  sería muy importante que cada profesional de la salud recordara, y aplicara, este sagrado juramento.

Por si no lo recuerdan se lo dejamos a continuación:
En el momento de ser admitido como miembro de la profesión médica, ante mis maestros y en esta Facultad de Medicina que me enseñó todo cuanto sé, juro que:
1. Consagraré mi vida al servicio de la humanidad.
2. Guardaré a mis maestros el debido respeto y gratitud.
3. Practicaré mi profesión con conciencia y dignidad.
4. La salud de mis pacientes será el objetivo prioritario de mi trabajo.
5. Respetaré los secretos que me fueren confiados en todo aquello que con ocasión o a consecuencia de mi profesión pudiera haber conocido y que no deba ser revelado.
6. Consideraré a mis colegas como a mis propios hermanos y no formularé a la ligera juicios contra ellos que pudieran lesionar su honorabilidad y prestigio.
7. No permitiré que prejuicios de religión, nacionalidad, raza, partido político o nivel social se interpongan entre mi deber y mi conciencia.
8. No prestaré colaboración alguna a los poderes políticos que pretendan degradar la relación médico-enfermo restringiendo la libertad de elección, prescripción y objeción de conciencia.
9. Guardaré el máximo respeto a la vida y dignidad humanas. No practicaré, colaboraré, ni participaré en acto o maniobra alguna que atente a los dictados de mi conciencia.
10. Respetaré siempre la voluntad de mis pacientes y no realizaré ninguna práctica médica o experimental sin su consentimiento.
11. No realizaré experimentos que entrañen sufrimiento, riesgo o que sean innecesarios o atenten contra la dignidad humana.
12. Mantendré la noble tradición médica en lo que a publicidad, honorarios y dicotomía se refiere.
13. Procuraré mantener mis conocimientos médicos en los niveles que me permitan ejercer la profesión con dignidad y seguridad.
14. Si llegado el día en que mis conocimientos o facultades físicas o sensoriales no fueran las idóneas para el ejercicio profesional y no abandonase éste voluntariamente, pido a mis compañeros de hoy y de mañana que me obliguen a hacerlo.
15. Hago estas promesas solemne y libremente, bajo Palabra de Honor, en memoria de todos los que creen o hayan creído en el honor de los médicos y en la ética de sus actuaciones


 

 

 

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