El Hombre y su mundo

El hombre deambula por este mundo sin preguntarse porqué o para qué.

La reflexión puede no aportarnos muchas respuestas pero concebirá muchas preguntas. La pregunta es la madre de la curiosidad y la curiosidad la madre del conocimiento.

El propósito de Revista La Candela es, precisamente, estimular la reflexión y generar, en ocasiones, la controversia. Tiende a estimular la disensión con el fin de no adormecernos en ideas ajenas y pre-digeridas o pensar con los slogans estereotipados  de la sociedad.

Los griegos afirmaban que una vida sin reflexión no vale la pena vivirla, pues una vida sin conciencia es inconsciencia.

Cuando reflexionamos despertamos a las maravillas del mundo que nos rodea y olvidamos sus miserias. Escapamos del caótico trepidar de nuestra imaginación desbocada y neurótica para afianzarnos en el pensamiento creativo y feraz.

La reflexión es el estado previo a la contemplación.

En Revista La Candela ofrecemos  los frutos del entrenamiento y gimnasia del pensamiento personal. A algunos los nutrirá, a otros les resultarán indigestos o insípidos. Que los primeros disfruten de ellos y los otros que busquen otro sustento.

Cada hombre, cada ser humano tiene su mundo: un mundo de alegrías y pesares, de ilusiones y desengaños, un mundo de realizaciones y fracasos, de proyectos y abandonos, un mundo de contradicciones y certezas, de ascensos y caídas. Y cada hombre, cada ser humano posee su propio y personal mundo interior independiente de los hechos o influencias externas. Ante un mismo acontecer dos personas reaccionarán y sentirán de manera diferente.

Dos hombres encerrados en una misma celda mirando por la pequeña ventana enrejada. Uno mira hacia abajo y ve sólo el patio amurallado… su alma se siente prisionera. El otro mira hacia arriba y ve el infinito cielo estrellado… su alma se siente libre.

Aunque nos hallemos prisioneros de infortunios y contratiempos levantemos nuestra mirada hacia la sempiterna armonía del cosmos.

“Esto es sólo poesía”, dirán los recalcitrantes y amargados pesimistas, como sin con este epíteto pudieran menoscabar el valor de la poesía. ¡Ojalá pudieran ver el mundo con los ojos de un poeta! Descubrirían un universo que les es desconocido.

Un poeta es feliz con un trozo de pan y un atardecer.

“Ve más belleza quien más belleza lleva dentro”

 

 

 

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