El poder del verbo

El poder del verbo

La fuerza y el poder del verbo se trasuntan en el discurso. El discurso es la materialización del pensamiento y la riqueza de éste se vierte en el flujo diamantino del lenguaje. Así recibimos el fruto de turgentes cerebros destilando frases e ideas que alimentan el alma. La palabra llega a nosotros como ambrosía sonora que nutre generosamente nuestro espíritu.
En la antigüedad (sin que esto quiera decir que soy viejo) los griegos se reunían en el ágora para sustentar sus almas con los inspirados y elocuentes discursos de los grandes, medianos y pequeños filósofos (en la época los filósofos venían en envases de distinta capacidad de acuerdo a las ambiciones y gustos de los oyentes). El amor por la elocuencia que mostraban los helenos era tal que esperaban ansiosos el momento de poder reunirse a escuchar a los maestros del verbo.
Pero eso ya es historia y, como dijo alguien, es algo “ya superado”. Nuestra sociedad actual se encuentra en un grado tal de evolución y perfeccionamiento, con respecto a esas antiguas culturas, que ya no es necesario trasladarnos a ninguna parte, ni hacer ningún esfuerzo, para nutrir nuestros anhelos espirituales (suponiendo que tengamos alguno)
El avance de la tecnología ha logrado que, diariamente, lleguen a nuestros oídos torrentes de informaciones indiferenciadas como para satisfacer hasta el hartazgo nuestra necesidad de alimento pre-digerido. Con sólo recurrir a cualquier medio de difusión podemos obtener un derroche de avasallante de incontenible verborrea y de apabullante simplicidad. Lejos estamos ahora de los discursos complicados e indigestos de los grandes pensadores: Simplificar es la consigna.
Así, sin esfuerzo, podemos tener la suerte de encontrar en algún programa televisivo de moda ( y de éxito) tres o cuatro vocablos con los cuales acrecentar nuestro tísico vocabulario e incorporar alguna expresiones sintéticas con una gran amplitud de significado.
Hay algunos inconformistas que critican la falta de vocabulario en los medios de difusión, pero en realidad no existe tal falencia, sino que la moderna sintaxis de los medios utiliza un poder de síntesis y un sincretismo asombroso y en constante perfeccionamiento.
Observe y escuche atentamente un entrevista periodística moderna y obtendrá un ejemplo como el que sigue (con muy pocas variantes)
Periodista: –
“Estamos hablando con la diosa Vani, que es hija de nuestro amigo Dosa” (destaquemos, por otra parte, que en estos tiempos los dioses del Olimpo se pasean frecuentemente entre nosotros. Lejos está la época e que permanecían inalcanzables para la mayoría de los mortales)
-“¿Cómo estás Vani? ¿En qué andás?”
Por favor no dejen de reparar en la tremenda profundidad omniabarcativa de la pregunta.”¿Cómo estás?” comprende una infinidad de estados anímicos y físicos que podría responderse de mil maneras diferentes. Y esto sin mencionar el “¿en qué andás?” ¡Qué sabiduría interrogativa! Con esta sola frase el periodista indaga en las actividades lícitas e ilícitas (principalmente en las ilícitas) de la aludida, a la vez que se averigua el medio de transporte utilizado por la misma.
¡Realmente genial! Y esto no es todo. Si quiere asombrarse aún más, deténgase a considerar la respuesta de la diva. Aprecie la soberbia inteligencia puesta en acción para responder holgadamente a tan profundos cuestionamientos.
La entrevistada responde (mostrando sus encantos para enfatizar la idea) y, haciendo gala de un extraordinario poder de síntesis expresa misteriosa y sibilina:
-“Y… nada…”
¡Hay convulsas deidades del Partenón! ¡Qué maravilla! ¡Quién pudiera expresarse con tanta simplicidad! ¿Para qué han multiplicado los vocablos de nuestro idioma? ¿Con qué pérfido fin han sobre-saturado las lenguas de sinónimos y adjetivos?
“Nada”… una palabra que expresa la insoslayable realidad del Universo. Ex nihilo nihil, de la nada: nada. Fundamento del nihilismo. Nada hay en la totalidad del Universo y nada hay… en sus cerebros.
Para no seguir pensando en nimiedades, como esto de la elocuencia ni…en fin: para no pensar, veamos un polifacético show donde se muestran las habilidades, y debilidades de sus participantes, aparte de otros atributos físicos (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia)
No se deje engañar por las apariencias, es cuestión de conocer el lenguaje oculto de los medios, el misterioso arcano de la difusión moderna para percatarnos de la inmensa evolución que hemos logrado en lo que a expresión se refiere.
El conductor, habilísimo guía de masas hacia la recién ponderada nada, exhibe su capacidad indiscutible de imitación simiesca: gestos, movimientos, muecas, saltos, chillidos, etc. traen a nuestra memoria a nuestros ancestrales e hirsutos antepasados. Sobre todo, no podemos dejar de admirar los omnímodos adjetivos y frases que utiliza. Rescatamos algunas expresiones (las únicas) que podemos escuchar
-“¡Fantástico! ¡Me encanta! ¡Vamos todavía!”
Y, por supuesto, note la excelencia con que el conductor destaca el talento de la entrevistada o entrevistado.
-“¡Miren eso! ¡Qué bueno!” Y doradas palabras por el estilo que, por suerte, son siempre las mismas para no fatigar al oyente, destacando las virtudes del, o de la (a veces es difícil diferenciarlos) artista. Es oportuno recordar aquí que, en estos casos, cuando quieran constatar el talento de la actriz o cantante de referencia deben buscarlo en la parte posterior de la misma.
¡Si, ya lo sé! Muchos no estarán de acuerdo con esto y hay quienes dirán que los medios adolecen de aguda pobreza de lenguaje y miseria de capacidad. Tales juicios nacen de aquellos que no justiprecian el mérito de aquellos que pueden, con muy pocas palabras, y nada de cerebro, expresar una enormidad de osas diferentes. Los denuestos provienen de aquellos que no se han detenido a pensar que hay realmente un mérito en el uso de frases iguales para circunstancias de lo más disimiles.

Para concluir: seamos justos en la apreciación. Lograr tan grande éxito con tan poco indica la grandeza del productor o la pequeñez de sus seguidores. Por otra parte, los aludidos son programas de gran difusión y aceptación lo que indica que son mayoría quienes optan por esos alienantes medios de esparcimiento y … si la mayoría lo prefiere… mejor es no contrariarla.

 

 

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