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Energía e inmortalidad

21 enero, 2015 LEON SANTILLAN 0 Comments

Una manera para arribar al concepto de Primer Móvil Universal (Dios) es recorrer el camino inverso de la multiplicidad fenoménica. Debemos obtener un vislumbre de la simplificación máxima, acercarnos a la unidad, deambular por lo infinitamente esencial – un universo de átomos, electrones, protones y neutrones- hasta llegar a un ignoto principio: la energía.

La ciencia humana no puede formular el concepto puro de energía, solo puede explicarla por los efectos que produce.

El hombre conoce ya el poder inconmensurable de la energía. Cuando la energía fue liberada de la materia ésta lo devoró. La energía liberada no puede ser contenida ni controlada.

E=m.C2

Sólo se puede explicar la energía por sus efectos. Es inalterable y sempiterna. Se utiliza, se transforma pero no aumenta ni disminuye.

No obstante la interconvertibilidad entre energía y masa lograda en las experiencias de desintegración del átomo, éstas no han hecho ningún aporte válido al conocimiento esencial de la energía.

El concepto de energía es el más usado en la descripción del mundo físico y, al mismo tiempo, el más abstracto en cuanto a la formulación de este conocimiento. El concepto de energía está ligado siempre a propiedades cinéticas.

 

Si hay algo que sobrevive a la muerte, y que podemos afirmar con apoyo científico, es la energía. La física cuántica sostiene que, materialmente hablando (por las propiedades de la materia) seríamos poseedores de una forma de eternidad.

Según la física nada se crea ni se destruye, sólo se transforma. Por lo tanto, la energía global universal seguirá siempre igual a sí misma.  Cada uno de nosotros forma parte intrínsecamente de esta energía universal y siempre formará parte de ella.

 

Nos preguntamos ¿Será una inmortalidad sin conciencia o parte de nuestro yo sobrevivirá?

El físico francés Jean Charron dice al respecto: “Los electrones vinculados al ADN (eones) serían portadores de la mente. Al ser eternos se enriquecen con el tránsito de cada “anclaje” con un ser, viviendo nuevos conocimientos vinculados a ese ser. Después de la muerte, vuelven a la naturaleza hasta que encuentran una nueva molécula de ADN a la cual se unen de manera eterna. Al enriquecerse en cada ocasión con nuevos conocimientos, los eones estarían en el origen de la evolución.”

Este texto, en lenguaje científico, rebosa de un trasfondo de poesía y amor (el encuentro de dos moléculas y su unión eterna) y de la creencia espiritual de la palingenésis (regeneración de los seres con permanencia de los caracteres atávicos).

¿Asistiremos a un reencuentro entre la ciencia y la mística?

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