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Filosofía y humor

29 mayo, 2015 LEON SANTILLAN 0 Comments

Para aquellos a quienes les asusta la extrema seriedad de los filósofos

Filosofía y humor

Siempre he pensado que la adusta seriedad con que la filosofía enfoca los profundos aspectos de la existencia, o la complejidad con la que complica los aspectos triviales de la vida, es a causa por la cual los filósofos llevan impresa en su rostro una persistente huella de amargura y desasosiego. O, tal vez, esta desazón sea debida al hecho de saber tanto y poder hacer tan poco. Lo cierto es que esta falta aparente de alegría espanta a muchos y los aleja de esta vía de conocimiento y sabiduría.
Esta aguda observación, o cualquier otra causa, motivó que dedicara tiempo y esfuerzo al tratamiento histriónico de algunos aspectos de la profunda sabiduría de los helenos que fueron quienes inventaron la filosofía occidental.
“¡Eso es faltar el respeto al sagrado conocimiento!” dirán algunos recalcitrantes amargados.
¡Nada de eso! Siento, por sobre todas las cosas, un indeclinable amor al conocimiento y, cuando amamos a alguien entrañablemente, ocasionalmente nos permitimos gastarle algunas bromas. Por otra parte, a filosofía tiene que ser un sendero que nos aproxime a la felicidad, de lo contrario carecería de objeto el seguirla. Además, he pensado siempre que el conocimiento no tiene por qué ser serio, triste y pesado. Y, por último: la filosofía no es una vaca sagrada (no existen las vacas sagradas, salvo por el precio de la carne) y, por lo tanto, no debe estorbar nuestro camino.
Por otra parte, soy consciente de que algunos objetarán diciendo que esto, en definitiva, no es humor y mucho menos filosofía, aseveraciones que tomaré con filosofía y con humor.
Habiendo hecho estas salvedades me sumergiré en el meollo de la cuestión.

Sobre la nada -Un profundo estudio que lo conducirá a ninguna parte-

No sé qué profundas y místicas cavilaciones me impulsaron a elegir la nada como tema de meditación. Quizás me inspiró la trascendencia omniabarcativa, ubicua, del concepto, o tal vez fuera la circunstancia de que en el momento de comenzar a escribir no tenía nada que decir y, como no tenía nada en mente, justamente se me ocurrió escribir sobre la nada.
La nada es un concepto que ha inquietado a las mentes de los humanos (es decir: a aquellos que tienden a inquietarse por lo que no pueden cambiar ni aprovechar) a lo largo de los siglos. Resulta paradójico que quienes tienen algo en sus cerebros se inclinen a pensar en tales abstrusos problemas, mientras que los que nada tienen no se les ocurriría jamás pensar en la nada. Debe ser por la misma razón que el pez no ve agua en ninguna parte pues está sumergido en ella.
Es por esta razón que son escasa minoría quienes se ponen a elucubrar sobre estas abstractas cuestiones. No obstante se puede afirmar (por lo menos yo lo hago) que es una de las cuestiones más trascendentales e importantes con que el ser humano debe enfrentarse. Si usted insinúa que estoy equivocado, haga memoria de cómo se siente y como cavila y medita denodadamente cuando no tiene nada en los bolsillos.

El quid de la cuestión

La nada, para ser verdaderamente nada, previamente debe ser algo, por lo menos una idea; pero si existe, al menos, una idea, por lógica consecuencia, debe haber alguien que la conciba. Y, si hay alguien que conciba algo, no puede haber nada. La nada no puede coexistir con un testigo, pues entonces habría algo y, donde hay algo, no puede existir la nada.
Esto queda bien claro (¿Para quién? Se preguntará usted… y yo me pregunto lo mismo)
¿Podemos decir que la nada existe? ¿O bien que no existe porque es nada?
Desde mi humilde y limitado punto de vista, opino que la nada debe existir ya que conozco mucha gente que vive para nada y sin embargo ocupan un lugar concreto en la sociedad. Y, en terrenos más prosaicos, el mercado de consumo se afana en hacernos creer que nos ofrece muchas cosas por nada y, en realidad, son las que más nos cuestan.
Hilando fino, llegamos a la conclusión de que la nada es parte del todo, ya que sin ese todo nada hay.
Enfoque metafísico
Si usted muere sin un alma, afirma la teosofía, se convertirá en nada. Pero si se convierte en nada nunca se enteraría, porque si tomara conciencia dejaría, por ende, de ser nada. Nunca sabría en qué se ha convertido. Ni tampoco podría saber lo que es la nada.
Por lo cual llego a la conclusión de que no tenemos posibilidades, ni esperanzas, de conocer jamás lo que es la nada. Nunca sabremos si realmente existe porque nunca nadie la vio, ni la verá jamás pues, de haber un observador, se anularía la nada. En realidad no importaría nada, que exista o no exista la nada, nada cambia ¿seríamos mejores personas si comprendiéramos la nada?
Continuando: Si la nada existe debe existir en relación a algo. Verbigracia, cuando entramos a una habitación y decimos que no hay nada, simplemente expresamos que no hay nada de lo que esperábamos encontrar. No obstante hay algo: paredes, techo, ventanas y polvo en los rincones.
Tal vez cuando usted muera (o yo) no encuentre nada de lo que esperaba encontrar (un túnel de luz, su amada que le precedió, ángeles o un harén de huríes semidesnudas esperándolo) pero algo habrá. Al menos estará usted, o lo que quedó de usted cuando lo desalojaron de su cuerpo. Entonces tal vez alguien le dirá (una voz que surge de la nada): “Por tus pensamientos y acciones pecaminosas serás condenado a la nada” Y usted se irá riéndose porque nadie puede ser condenado a ir a un lugar que por definición no existe (salvo que quien esté a cargo sea un abogado) Además ¿Dónde lo ubicarían a usted para que esa nada no se transforme en algo?
Llegamos a la contundente conclusión de que la nada no existe.
Estas ideas quizás no sean nuevas ni originales pero no importa. “Nada nuevo hay bajo el sol”, decía Salomón que era sabio y, en definitiva, como dijo Meister Eckart sólo somos “unum purum nihil”, o sea, unas puras nadas. Comprender esto haría que todos los seres humanos habitantes de este planeta se sintieran iguales en una misma nadidad, sino fuera que siempre hay algunos que se creen más nada que otros.

Nihil nihilo nihil –de la nada: nada

 

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