Una revista con pensamiento universal – Desde 1994

by León Santillán

Maledicencia, vicio antiguo con arraigo moderno

22 mayo, 2015 LEON SANTILLAN 0 Comments

Es innegable que en la actualidad lo mediático predomina sobre el buen juicio y la capacidad de discernimiento. Más que por las acciones o por los méritos  – o deméritos- de un individuo, se lo juzga por lo que de él opinan los medios de difusión. Es así que se veneran seres sin auténtica valía y se desprecian, o ignoran, hombres de capacidad superior, con un juicio basado en “opiniones autorizadas” de mediocres o ignorantes.
Hay ocasiones, bastante a menudo, en que la prensa condena o absuelve a un acusado antes de que la justicia se expida al respecto, ocasionando con esto un grave perjuicio al inocente. Pues si la opinión pública lo considera culpable, así será, aun cuando sea inocente.

La manipulación de la opinión pública, en una sociedad, es un asunto muy delicado y debería ser considerado seriamente por los sociólogos y políticos y denunciado como un flagrante atentado a la libertad de pensamiento.
El mal hábito de aceptar, sin discernir, habladurías sin fundamento, ni pruebas y sin aplicar un claro criterio, produce el deterioro progresivo de la capacidad de razonamiento del individuo y de la sociedad.
Trasladándonos al ámbito de la cotidianeidad, podemos también observar las facultades destructivas y perniciosas de este nefasto hábito. Si bien es cierto que el chisme ha sido siempre un vicio practicado ampliamente en toda comunidad, en la actualidad, debido a que nos hemos acostumbrado a aceptar sin juicio, ni pruebas, las acusaciones contra terceros, la mala intencionalidad de algunos maldicientes, puede menoscabar el buen nombre de personas de recto proceder y puede destruir en un segundo el alto concepto que de ellas se tenía.
Agrava la situación el hecho de que ahora son mayoría los que, con interés, prestan oídos a los comentarios malintencionados de individuos de baja estofa moral, y son pocos los que se toman la molestia de corroborar o desmentir la autenticidad de las difamaciones de las malas lenguas.
No deberíamos olvidar nunca que quienes son afectos al chisme son seres rastreros y cobardes que, en lugar de esforzarse en su auto superación, se consuelan y desquitan desprestigiando a otros.
Esto es, por supuesto, un claro indicio de debilidad mental, mas no debemos olvidar que quien escucha al chismoso es copartícipe, de manera pasiva, de la difamación, ya que colabora en la destructiva tarea de éste.
Una sociedad mejor se construye basando nuestro juicio en hechos y no en burdas habladurías, provengan éstas de donde provengan.

 

 

 

 

Previous Post

Next Post

Deja una respuesta

Your email address will not be published / Required fields are marked *