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Memorias de un árbol caído

10 mayo, 2015 LEON SANTILLAN 0 Comments

Bajo mi copa tomaron respiro, en los sofocantes días de estío, los cansados peregrinos del camino. Y cuando un inesperado aguacero tomó desprevenido a algún inquieto niño, mis hojas comedidas  lo resguardaron del chubasco.

Mis ramas fueron refugio seguro de caserotes y jilgueros. En ellas construyeron sus nidos en bulliciosa comunidad y criaron polluelos cumpliendo su ancestral misión de perpetuar la especie.

En silencio aportaba  mi frondosa silueta como contribución a la belleza del paisaje. Adorno solitario de mi esquina.

Luego vinieron atareados constructores. En mi sombra merendaron y recuperaron fuerzas. Y vi alzarse la casa como monumento a la industriosidad humana.

Me sentí orgulloso. Mi presencia complementaba la belleza rígida  de la construcción y era como un símbolo  de aprobación de nuestra madre naturaleza.

Cuando el edificio fue  concluido,  sus propietarios, necios en su soberbia, cogitaron que mi presencia desmerecía la obra.

Y ordenaron derribarme.

Pronto mis restos fueron esparcidos por el suelo. Inerte recuerdo de lo que fui.

memorias de un árbol

Mas no me quejo, acaso ¿no es ese el destino del árbol? Además ¿quién oiría mis lamentos?memorias de un árbol_2

Más bien lo siento  por mi esquina. Ahora está solitaria como la triste antesala de  un mausoleo.

 

 

 

 

 

 

 

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