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Ninjutsu – El sendero del Ninja

13 enero, 2015 LEON SANTILLAN 0 Comments

La esencia del Ninjutsu, que debería ser la de todas las artes marciales, es la autoprotección y la preparación para enfrentar la adversidad, lo que le otorga una importancia trascendental en épocas de inseguridad y violencia.

Frente al avance de agresiones de todo tipo el Nin jutsu conforma el más depurado concepto de protección personal.

El arte del Ninja no sólo se ocupa de la protección del cuerpo físico sino también de la armonía de la mente y el espíritu, formando individuos íntegros y fuertes aptos para la lucha existencial.

El practicante de Nin jutsu  debe someterse a un depurado entrenamiento físico y mental que lo capacita para enfrentar la vida de manera calma y segura, a la vez que elimina toda agresividad compulsiva generada por los miedos latentes, propios de casi todo individuo. Sin esta depuración, la habilidad en la defensa personal, que debería provocar una sensación de seguridad y paz interior, sería causa de una deformación de la personalidad. Los tortuosos caminos de la competición, (el ninjutsu forma parte de las artes marciales no-competitivas) sumado al cultivo de la vanidad, conducen al practicante lejos del equilibrio y la serenidad, acabando, eventualmente, con sus más puros deseos de auto-superación.

Para transitar sin riesgo por estos senderos, el aspirante debe caminar libre de la influencia del ego y las ambiciones desmedidas. Sólo así tendrá posibilidades de realizar el fin último y más logrado de todo buscador: la mayor perfección a la que el ser  humano puede acceder.

No es mucho lo que puede decirse del Nin jutsu ya que éste no se aprende intelectualmente sino que se practica. No hay aprendizaje válido si no se aplica.

El Ninjutsu es un arte personal que coloca al practicante frente a sí mismo, enseñando el manejo natural del cuerpo y la mente, procurando un condicionamiento físico y emotivo.

Considerando lo anteriormente dicho, podemos comprender porque el arte Ninja no puede ser popular ni masivo y porque no se extendió en la medida que lo hizo el Judo o el Karate: El Ninjutsu no podría popularizarse sin perder su esencia.

El Ninja: guerrero misterioso que se torna casi invisible en la oscuridad, de gran rapidez y con movimientos de suavidad felina se hace muy difícil descubrirlo o capturarlo.

Con su característico traje negro, con el rostro cubierto dejando libre sólo sus ojos, usando un calzado liviano y antideslizante, con pasos sigilosos se desplaza silenciosamente. El sólo hecho de portar esta vestimenta es penetrar en un mundo diferente, en un universo mágico y fantástico. El practicante logra así la concentración requerida para el difícil arte del auto-perfeccionamiento.

El Ninja permanece inmutable ante su destino y cambia en la medida que el cambio es necesario.

El Ninja busca las respuestas en su interior pues sabe que el Universo, hermoso en su imparcial absolutismo, contiene en esencia toda la sabiduría. Por ello, abriendo sus ojos y su mente sigue los sutiles rastros del cielo que orientan su accionar y así halla respuesta a cualquier paradoja que encontrare en su camino.

El principal objetivo del Ninja es resistir, sobrevivir, prevalecer por sobre todo aquello que pretenda destruirlo o sojuzgarlo.

El Ninja adquiere un conocimiento que le permite enfrentar la lucha por la vida y superar la hostilidad, así como resignarse ante lo insuperable.

Motivaciones

Quien se aventure en un arte tan complejo como el Ninjutsu debe interesarse profundamente en sus postulados y propuestas y, por sobre todas las cosas, debe mejorar su nivel de vida.

El Ninja debe estar en armonía con el Todo y sentirse unificado con el Universo. Debe ser guiado por un conocimiento intuitivo del porvenir, acorde con la acción imparcial de la naturaleza. Debe avanzar con un corazón puro, aceptando sin vacilación, ni temor, lo inevitable.

Mantente alerta para que el soez ataque del cobarde y del hipócrita no te tome desprevenido. Si las huestes enemigas, pletóricas de falsedad y odio, son mayoría, no malgastes tus fuerzas en una lucha vana. Aguarda. Pues ellos perecerán en sus propios enfrentamientos.
Si calumnian tu buen nombre: sonríe. Sus mismas maledicencias están proclamando que eres mejor que ellos. El hombre justo no abre su boca para criticar, sólo sabe de acción. Los chismes son las armas de los cobardes.
Se parco en el hablar y pronto en el actuar.
No seas espectador pasivo de la vida, sino un guerrero activo.
No puedes evitar tu propia muerte pero si puedes influir en tu vida.
Si el tamaño de tu oponente te asusta: agiganta tu alma
Si no quieres revolcarte en el lodo de las adversidades levanta vuelo en alas del Espíritu.
El árbol que no considera sus raíces pronto habrá de secarse, quien no tiene respeto por sus padres y mayores es como u árbol sin raíces: no tiene como sustentarse.
Quien no está pronto para defender al débil no merece su fuerza y la debilidad será su herencia.
Venera a tus ancestros y apoya al desvalido.

Busca la fortaleza sin descuidar la alegría.
Camina con la frente en alto pero vive modestamente practicando la cortesía.
Cultiva la firmeza de carácter y de decisión.
Tú eres tu peor enemigo: véncete a ti mismo.
Exígete mucho a ti mismo pero sé tolerante con los demás.
No te apures, no te detengas y no te descuides.
Vive, incluso cuando ya no tengas deseos de vivir. Aprende a morir en cada instante de tu vida. Vive el instante, el aquí y ahora, sumido en el eterno presente.
No abandones el campo de batalla cotidiano.
Dice el Código Bushido: “Que la vida sea para ti un desafío y prefiere la muerte antes de vivir un vida indigna”

Insiste en la lucha aun cuando todo parezca estar perdido. La férrea constancia conduce al éxito en cualquier empresa.
Podrán decirte que tu batalla ha concluido, no obstante, tú sabes que no es así, que aún hay camino para recorrer. Sólo cuando exhales tu último aliento acabará tu batallar.
Tu destino es la lucha, ese es el sendero que has escogido por lo tanto no reniegues de él. Mientras otros se sumen en la oscuridad del abatimiento y la impotencia, tú no debes cejar tu continuo avance.
Si te caes, levántate. No esperes que te tiendan una mano, incorpórate de prisa, cuanto más tiempo estés caído más difícil será levantarte. Si no ofreces batalla el mundo avasallante intentará aplastarte.
Los hombres temen lo fuerte y desprecian lo débil, por lo tanto fortalécete en la adversidad y con brazo firme detén los golpes del infortunio.
Zambúllete sin vacilar en el torrente de las dificultades: sólo braceando contra la corriente fortalecerás los músculos del espíritu.
Cuando tus fuerzas no sean suficientes aprende a utilizar las de tu adversario. Cuando estés agotado refúgiate en el silencio, haz una breve pausa y contraataca.
Que cada golpe de tu enemigo sea un indicativo que guíe tu accionar y una lección para tu defensa. Que tu táctica de combate sea la sutileza y tus movimientos sean regidos por la inspiración y la habilidad más que por la fuerza.
En el combate usa la astucia. Si deseas ir a la derecha finge hacerlo hacia la izquierda, si te propones atacar simula retroceder. Cuando tus enemigos crean que, derrotado abandonas la lucha, la hora del contraataque ha llegado.
Fíngete débil en tu fortaleza. Ello alentará a tus contrincantes a accionar fuera de tiempo y sin tomar las debidas precauciones. Siendo sabio aparenta ser necio.
No te preocupes si abandonas una batalla: tu propósito es ganar la guerra.
En el fragor de la lucha trata siempre de sorprender a tu enemigo. Nunca actúes como los demás esperan que lo hagas. Tu mejor aliado será siempre la sorpresa.
Recuerda que cuando tu adversario se muestre amenazador y agresivo sólo está ocultando su debilidad. El guerrero fuerte se muestra siempre sereno y aparenta no reaccionar frente al escarnio. Por ello algunos lo juzgan cobarde y débil, mas el sólo espera el momento oportuno.
En muchas ocasiones tus propios discípulos serán tus agresores. Usarán contra ti golpes que de ti aprendieron. Algunos de ellos sólo quieren probar la firmeza de la roca sobre la que asientan su pié, quieren constatar que pueden reposar confiadamente en tu sabiduría. Otros lo harán enceguecidos por la vanidad y el orgullo. Alienta a los primeros y desecha a los segundos.
Si conoces tus cualidades no es necesario que las divulgues a los cuatro vientos, ni que trates de demostrar tu habilidad, por el contrario, actúa con agradable humildad. La gente vulgar toma la humildad como debilidad, pero no te preocupes por esto, tú sabes de lo que eres capaz.
No prestes oídos a las ofensas, no malgastes tus fuerzas. Tienes un destino que cumplir, no te detengas escuchando ladrar los perros.
Si el camino que tienes por delante es largo y arduo, medita antes de cada paso. Los grandes fracasos dependen de los pequeños errores.
No te distraigas, es más efectivo el principiante atento que el experto distraído.
El arco siempre tenso desgasta su potencia, por ello aguarda relajado a que tu enemigo se agote en su continua agresividad y que entonces estará en tus manos.
No seas impaciente en tu actuar,  pero tampoco te duermas y dejes pasar la oportunidad.
Los obstáculos están en el camino para poner a prueba tu valor y tu perseverancia, aprende a aprovecharte de ellos para fortalecerte.
Habrá momentos en que, inevitablemente, sentirás miedo. No te avergüences de ello, pero que el temor no sea un veneno que te paralice sino un estímulo para luchar con más ahínco.
En la lucha busca la belleza de movimientos, pues éstos denotan economía de energías.
No confíes en quien no combate a tu lado. En la batalla no existe la imparcialidad: o están contigo o están contra ti.
No te preocupes por la victoria o la derrota, sólo preocúpate de si has presentado una buena batalla.
No te vistas del oropel de las apariencias vanas, usa el manto de la realidad. No parezcas: sé.

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