by León Santillán

Perfeccionamiento constante

En la inextricable maraña de seculares acontecimientos que nos toca en suerte vivir se percibe una verdad insoslayable: hemos extraviado los valores trascendentales que le otorgan un sentido a la vida del ser humano.

La vida: ese misterio inescrutable que fluye desde los confines del Universo.

La vida, nuestro patrimonio supremo al que debemos,  no sólo conservar sino, fundamentalmente, perfeccionar. Sin la meta soberana, que es la constante e incansable búsqueda de perfección, todo emprendimiento humano, por magnífico que sea, se torna superfluo e inmerso en la oscura noche del sueño del desatino.

En una eterna e infinita paradoja, el hombre dista eones de la perfección pero, no obstante, la perfección debe ser su más importante vocación y de ella se desprende el verdadero sentido de la existencia.

Si el mundo nos asfixia con su corrupto lodazal cotidiano, si la ignorancia imperante nos deja perplejos e impotentes, si la inseguridad hace vacilar nuestro paso, si sentimos que nos hundimos en el cenagal de la angustia existencial, es el momento propicio para levantar nuestra mirada hacia valores eternos e inconmovibles. Sólo lo infinito e inalterable  puede dar firmeza y seguridad al vacilante transcurrir de nuestras atribuladas vidas.

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