Una revista con pensamiento universal – Desde 1994

Sobre La Candela

Historia de Revista La Candela

En el año 1994 Revista La Candela dio los insipientes primeros pasos de una trayectoria que habría de extenderse hasta la fecha. Una trayectoria por el sendero ascendente del auto-perfeccionamiento,  nutriéndonos, permanentemente, de las ansias inclaudicables de mejorar.

Aquella primigenia revista impresa, fundada por el Prof. Carlos Alberto Sosa,  con pretiles locales, ya portaba en sí el germen de lo que Revista La Candela representa hoy para los miles de lectores y seguidores: Una revista con pensamiento universal

El inicial servidor de nuestra primera  edición virtual (Actiweb) la distinguió ubicándola en los primeros puestos de las revistas culturales de Europa, lo que nos llenó de un gran orgullo y un sentido no menor de  responsabilidad.

Hoy Revista La Candela tiene ya veintiún  años de existencia. Veintiún  años de esfuerzos, penas y alegrías.

¿Cómo resumir nuestro pensamiento frente a este hecho, para nosotros, de trascendental importancia?

Podríamos recurrir a lugares comunes como expresar, por ejemplo: “Veintiséis son toda una vida”. “No somos nada más que una humilde hoja en el vendaval del tiempo”.

O quizás explorar  la vena filosófica para hacer profundas consideraciones sobre la ilusión y relatividad del tiempo.

Podríamos tomar una actitud plenamente positiva y decir, verbigracia, que en este dilatado período de tiempo hemos aprendido, hemos crecido, hemos recibido enormes gratificaciones con nuestra tarea y hemos engrosado nuestro bagaje de experiencia. O bien, colocándonos en la margen opuesta y, tomando una actitud francamente pesimista, decir: “¡Tanto esfuerzo realizado para constatar que ahora estamos sólo más cansados y más viejos que antes”.

El color de nuestra vida depende de nuestra actitud.

La relatividad del tiempo y de las cosas quedó mejor establecida a partir de Einstein. El resumía y simplificaba el concepto de relatividad de la siguiente manera: “Si usted está junto a su amada una hora le parece un minuto; si usted está sentado en un brasero encendido, un minuto le parecerá un siglo”.

El problema es que debemos decidir si estamos con nuestra amada o si estamos sentados en un brasero. Revista La Candela es nuestra amada,  porque en ella volcamos todos nuestros anhelos y expectativas, pero también es nuestro brasero, particularmente cuando debemos soportar los eternos y ubicuos detractores que están siempre en pie de guerra contra la labor que realice cualquier otro que no sean ellos. Hay personas que se sientan cómodamente en la butaca de la impotencia y la desidia  para criticar la obra ajena.

Fuera de todo ello lo importante, creemos, es que Revista La Candela tiene veintiún años. A nosotros, sus padres, nos parece una eternidad, a otros una nimiedad. Claro está que todo depende del tiempo de vida del que juzga. Una efímera (insecto del orden de los efemerópteros) vive sólo un día y, lógicamente, para ella veintiún años son una eternidad, es decir que, desde su punto de vista, somos una antigualla antediluviana. En cambio para una secuoya (árbol que puede vivir cientos de años), veintiún años es sólo un relámpago y, ni que hablar, si nos comparamos a la escala cósmica de nuestra galaxia donde los milenios son sólo segundos. “No son nada”, diría nuestro anciano sol aburrido de derramar luz, calor y vida sobre los insensibles mortales.

Lo importante siempre es mantener la consciencia de la verdadera dimensión de las cosas y los eventos, por ello es que,  si en algún momento nos sentimos pesimistas, rememoramos las satisfacciones y alegrías que cosechamos en este período de vida y si, en algún momento, se infiltra alguna  partícula de vano orgullo, recordamos que en un lapso de tiempo más breve aún que éste, ya nadie se acordará de nosotros. Humana caduca sunt (las cosas humanas son inestables). La transitoriedad de las experiencias humanas es el freno que mantiene sujeto cualquier atisbo de vanidad.

No obstante veintiún años son veintiún años (¿qué más habrían de ser?) y estamos muy agradecidos por ellos.


Quienes somos

En una sociedad hiper-informada y constantemente acosada de noticias apocalípticas, Revista La Candela se aboca a la tarea de informar propendiendo, fundamentalmente,   a la formación  y desarrollo personal. De allí que denominamos a nuestra labor: Periodismo Formativo.

Desconocemos si somos, o no, pioneros en el uso de este apelativo, lo que sí sabemos a ciencia cierta, es que nos tomamos muy en serio esta misión.

Para afrontar los escollos de un tan ambicioso propósito conformamos  un grupo de profesionales independientes que, supervisados por León Santillán, nos esforzamos  por aportar a este pantagruélico  emprendimiento lo mejor de nosotros mismos.

Puede que nuestra labor resuene, como dijera el poeta, como un pétalo de rosa arrojado a un abismo, pero, al menos, habremos cumplido con el cometido de aportar, al menos, una gota de agua  al creciente océano de la cultura humana.