Revista La Candela

Una vida con sentido

Para que no caminemos entre tinieblas con el alma agostada por la incesante y estéril lucha.

Para que no durmamos con la muerte mientras nos aferramos  con desesperación  a la vida.

Para que no nos sintamos  solos,  sin esperanza ni fe. Sin dioses, ni demonios que nos indiquen  un rumbo a seguir.

Para que no nos ahoguemos en las pesadillas de la nada al carecer de las fantasías de la vida.

 

Para encontrarle un sentido a nuestra vida es menester:

Recuperar el amor y el deleite por las cosas simples de la vida:

Aprender a disfrutar del esplendor de la mañana con un buen libro por compañía.

Descubrir la divinidad en el sol naciente sin que las nubes procelosas de las preocupaciones oscurezcan nuestro horizonte.

Aproximarnos  a la gracia divina del silencio acallando el murmullo insidioso de la mente.

Esforzarnos en refrenar las oscuras pasiones de una  prisa irrazonada.

Procurar  comprender el infinito misterio de la vida en lugar de llorar la muerte de las cosas perdidas.

Ataviar  el dolor con una vestimenta de calma.

Recuperar nuestro presente extraviado en la maraña de los ayeres y mañanas.

Reencontrarnos con los valores inconmovibles del espíritu.

Disfrutar de la mansa lluvia de primavera olvidando las urgencias deletéreas de las ambiciones.

Escuchar en silencio el gorjeo del pinzón.

Descubrir la flor en un páramo de espinas y penetrar extasiados en el misterio de su belleza.

 

¿Demasiado simple?

Sí. La felicidad es simple como la sonrisa de un niño.

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